Educacion del cachorro: las normas de convivencia

Ya de cachorro podemos enseñarle normas de convivencia.

En un artículo anterior, comentamos la importancia de establecer una buena comunicación con nuestro cachorro (ver artículo). En esta ocasión, nos gustaría resaltar la importancia de educar a nuestro perro ya desde pequeño si queremos conseguir que de adulto sea estable y equilibrado.

El hecho de que sea un cachorro no quiere decir que no podamos enseñarle unas normas básicas de convivencia. En la primera etapa de su vida, es su madre quien se encarga de enseñarle dichas normas y hacérselas cumplir. Más tarde, conforme avanza el cachorro en su crecimiento, esta tarea será compartida por los miembros de su grupo social.
Cuando adquirimos un cachorro no nos convertimos automáticamente en su madre, pero sí en su nuevo grupo social y como tal, debemos aceptar todas las responsabilidades que esto conlleva.
La convivencia con otros perros adultos ayudará.

Una de las normas básicas de la educación es el auto-control: el cachorro debe aprender a controlar las ganas de hacer algo hasta que sea el momento adecuado socialmente. Por ejemplo: en la naturaleza, cuando un adulto trae una presa al grupo, el cachorro por muchas ganas que tenga de abalanzarse sobre la presa, deberá esperar su turno y si no lo hace el adulto se encargara de corregirlo.

La responsabilidad es otra de las normas básicas de la educación: debemos enseñarle que sus actos voluntarios pueden acarrear consecuencias y que debe hacerse responsable de ellas. Si el cachorro actúa de forma socialmente inadecuada, lo ideal es que se le corrija, pero siempre dentro de los esquemas sociales del perro y no de los nuestros. Por ejemplo: aunque a nosotros nos puede parecer gracioso que, mientras nos comemos un bocadillo, en un descuido nuestro cachorro nos lo quite y se vaya corriendo debe ser corregido. Por lo contrario, si al venir a saludarnos, de forma totalmente involuntaria, golpea un jarrón y lo rompe, no seria licito corregirle por ello.
Educarle es ayudarle a adaptarse a los cambios.

Estas normas y otras muchas más especificas, como: que no puede hacernos daño cuando nos muerda jugando, cual es el lugar donde debe hacer sus necesidades, con que puede y no puede jugar, etc… deberán ser adaptadas a cada familia y entorno y harán que la convivencia con nuestro perro sea mucho más fácil.

Debemos tener en cuenta que sacamos al cachorro de un entorno natural como es su madre y sus hermanos, para llevarlo a otro totalmente diferente: nuestra sociedad. Nosotros tenemos que ayudarle a adaptarse a nuestra vida y, sin duda, educarlo es una de las mejores formas de hacerlo, ya que no es otra cosa que continuar con el trabajo que ya hacia su madre.



Alexis Pérez,
Adiestrador canino y especialista en modificación de conducta
Adiestrador canino de DOGGED


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