Educar a un cachorro. La importancia de la comunicación.

Uno de los pilares fundamentales en la educación del cachorro es una correcta comunicación. Se trata de una etapa muy importante en la vida de un perro, en la cual empiezan a formarse los lazos afectivos con los miembros de la familia y donde el cachorro empieza a asimilar las normas de convivencia.
Los perros son expertos en interpretar la comunicación no verbal. Aunque no pueden entender el lenguaje oral, sí pueden aprender a interpretar nuestro tono de voz y basarse en ello para intuir nuestro estado de ánimo, como también son capaces de asociar palabras concretas a conceptos directamente relacionados.
Para comunicarnos con cualquier animal social debemos entender el lenguaje como algo que va más allá de las palabras. Los perros pueden llegar a interpretar el estado emocional de una persona antes de que ésta se haya acercado a ellos siquiera, basándose en la interpretación del lenguaje corporal. La famosa frase hecha “los perros pueden oler el miedo” ilustra a la perfección la gran capacidad de comprensión del lenguaje corporal humano que poseen los perros.
La educación del cachorro es mucho más que ponerle normas a nuestro perro. Es también la etapa en la cual el perro puede aprender a interpretar nuestro lenguaje corporal, y relacionarlo con aquellas palabras que pronunciamos en cada uno de los momentos en los que nos comunicamos con él.
Para ello es imprescindible basar nuestra relación y educación en un código de comunicación lo más simple, claro y ordenado posible.
Las palabras deben ser fáciles de discriminar entre sí. Deben evitarse palabras muy parecidas y que signifiquen cosas distintas. Debe evitarse atosigar al perro con frases largas e interminables, es más conveniente hablarle pausadamente, para que pueda establecer una asociación con las palabras que decimos.
A algunos de mis clientes les aconsejo hablarle más al perro, sobre todo en las primeras salidas del cachorro a la calle. Hay muchos propietarios que sabiendo que el perro no es capaz de entender el lenguaje oral humano evitan decirle al perro nada más que las órdenes que se le enseñan, y se rompe en gran parte la comunicación con el perro, sobretodo en la calle.
Desde mi punto de vista es conveniente hablar al perro para que aprenda a interpretar también el tono de voz, siempre y cuando las frases sean lo más cortas y pausadas posibles e intentemos incorporar aquellas palabras que el perro conoce. Siempre que nos dirijamos al perro debe pronunciarse su nombre antes.
Nuestra recomendación es basar el código de comunicación en los siguientes conceptos:
  • “Muy bien”: como reforzador de la conducta. Debería ser con diferencia la palabra más usada.
  • “No”: como informador de que la conducta realizada no es adecuada. Nunca debe usarse en tono de regañina si lo usamos como informador.
  • “Mal”: como sancionador por la realización de la conducta previamente etiquetada y entendida por el perro como inadecuada (mediante el “no” informador). No debe sancionarse nunca al perro por algo que ha hecho mal sin asegurarnos de que éste sabe perfectamente que lo que ha hecho está mal, y depende de la madurez y sensibilidad de cada cachorro el momento en el que puede empezar a usarse éste comando.
  • “Ale”: como liberador. Por ejemplo, al finalizar un “quieto” usamos el “ale” para liberarle de dicho ejercicio. También puede usarse en el momento de dejar al perro suelto sin correa en un parque, por ejemplo, para indicarle que puede moverse libremente.

Debemos reflexionar acerca del código de comunicación que vamos a usar con nuestro perro. Es una oportunidad en la que podemos elegir crear una comunicación basada en la regañina y el enfado o basada en el lenguaje positivo y la felicitación.


Pongamos un ejemplo que ilustre una situación ficticia en la que poder usar el código de comunicación basándonos en el refuerzo positivo para enseñar al cachorro el “no” informador:


Imaginemos que el cachorro está mordiendo una de nuestras zapatillas.. Le apartamos unos centímetros  de la zapatilla y le decimos “no” en un tono NO punitivo, mientras le ofrecemos una alternativa, como por ejemplo un mordedor. En el momento que su atención deje de centrarse en la zapatilla debe reforzarse al perro con un “muy bien”, y darle caricias o un premio.


De ésta manera, después de varias repeticiones, facilitándole una conducta alternativa y reforzando el cambio de conducta el cachorro aprenderá rápidamente que el “no” informador indica que debe dejar de hacer aquello que está haciendo en ese momento.


Ésta es una buena ilustración de cómo educar a un cachorro basándonos en el refuerzo positivo de aquellas conductas que queremos premiar, en lugar de basarnos en aquellas conductas que debemos castigar.
Si basamos nuestra comunicación en el refuerzo positivo, además de un código de comunicación simple, claro y ordenado conseguiremos una relación afectiva óptima con nuestro perro, traducida en una conexión única perro-dueño.


Que nuestro cachorro adquiera una actitud positiva en relación a la educación y la obediencia es un aspecto que nos asegurará una convivencia óptima con él, tanto dentro como fuera del hogar.




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