Tairo: inicio difícil, final feliz!

Se dice, a menudo, que cada perro escoge a su dueño, formando con éste una pareja inseparable y única. Nosotros creemos que es verdad. Existen casos mundialmente conocidos y que han saltado a la gran pantalla, como es el caso de Hachiko, el Akita Inu que popularizó la película de Richard Gere y que es un caso real acontecido en Japón.


Tairo junto a Rosa Mari y Ernesto.

En esta ocasión os queríamos hablar de Rosa Mari y Tairo. Rosa Mari es una chica andorrana de 33 años, bailarina de profesión. Como ella misma nos dijo, su vida sufrió un antes y un después cuando se cruzó con la de Tairo (galgo español de 5 años). Aunque siempre ha sido una chica de carácter fuerte, Tairo supuso desdel primero momento todo un reto. Junto a él, Rosa Mari no solo ha aprendido de perros, sino también sobre si misma. Ha tenido que aprender a resistir “la pena” por beneficio de los dos, ha tenido que multiplicar por mil su paciencia y su calma, y un largo sinfín de cosas para que todo llegara a buen puerto.


Tairo apareció un día cualquiera de la mano de su jefe, quien lo había encontrado; tenía 8 meses y un aspecto lamentable. Estaba lleno de heridas por todo el cuerpo, repleto de parásitos, comía con un hambre voraz de lo desnutrido que estaba. Era además desconfiado, hipersensible e hiper-reactivo; tenía auténtico pavor hacia las personas y un miedo exagerado e irracional hacia los palos. Todos creían que la suerte del pobre cachorrín de galgo estaba echada cuando Rosa Mari, sin dudarlo un segundo y quizás motivada por su experiencia previa con perros, decidió quedárselo. Aunque ni con toda su imaginación pudo figurarse lo que se le venía encima…

El primer año de convivencia fue tranquilo, aunque duro y difícil. Tairo, debido a todos sus problemas y trastornos, estuvo 1 año entero con diarreas muy serias y, a pesar de haber probado de todo, no se solucionaban. Con ella estaba muy a gusto y la seguía a todas partes, pero no ocurría lo mismo con Ernesto, su pareja, ni con otros hombres, por los que sentía verdadera desconfianza. Tardó dos años enteros en hacerle caso a Ernesto, quien se desvivía por intentar ayudarle. Además, al principio ni se le escuchaba en la casa, y no fue hasta el año y medio que empezó a ladrar por imitación. Después, a medida que fue cogiendo confianza en si mismo, mordía por miedo cuando intentaban acercarse a él, por lo que el problema se agravó.

Las dificultades no hicieron dudar ni a Rosa Mari ni a Ernesto, ambos estaban convencidos, decididos y dispuestos a darle todo cuanto estuviera en su mano para hacer que su vida, que tan mal había empezado, mejorara irremediablemente.

Con el tiempo las cosas fueron mejorando, parecía que Tairo se sentía más tranquilo con ellos. Rosa Mari pudo trabajar con su perro y consiguió, gracias a la paciencia que superdesarrolló, al enorme cariño que le brindaba y a toda la dulzura que fue capaz de transmitir, que empezara a fiarse de ella. El vinculo que existió desde el primer momento entre los dos parecía que empezaba a ser suficientemente fuerte como para verse y palparse en el resto de cosas tanto tiempo después. Superando la tozudez del perro, y ayudada por la segunda familia de ambos, la compañía de danza, consiguió quitarle el miedo a los palos, que pararan las diarreas y que, un año y medio después, levantara la cola. Rosa Mari se informó también sobre psicología canina, sobre adiestramiento, sobre galgos… y probó tantas técnicas como pudo para hacer que la vida de su galgo mejorara poco a poco.

Al año hubo un cúmulo de infortunios y, a consecuencia de una tormenta, Tairo se asustó muchísimo, perdiendo de nuevo la confianza en Rosa Mari y Ernesto. Todo el trabajo y dedicación realizado durante tanto tiempo se vio truncado en un segundo por un imprevisto que estaba fuera de su alcance.. Tairo desconfió de nuevo de ellos, no se acercaba a menos de un metro de sus propietarios. Finalmente Rosa Mari no tuvo más remedio que acudir a un adiestrador. Probaron multitud de técnicas y finalmente consiguieron que Tairo volviera a confiar en ellos y se creara de nuevo un vínculo entre ellos, aunque frágil, muy frágil.

Tairo con su Thunder Shirt.
A partir de allí, Rosa Mari no descansó ni un solo día. Estaba decidida a que no le volviera a pasar, y a que su perro pudiera confiar en ella ciegamente. Trabajó todos los días, tuviera o no actuación, estuviera o no cansada. Se sacrificó, pero merecía la pena cuando veía que su perro se le acercaba con afecto en busca de compañía y cumplía las órdenes básicas que ellos le daban. El vínculo entre los dos es cada día más fuerte. Encontraron una actividad conjunta que disfrutaban ambos: ¡ir en bici una hora cada día! Caminar no era suficientemente placentero y además así, podía disfrutar junto a ellos, sus propietarios. Y los fines de semana y vacaciones se iban a la montaña de ruta o excursión, donde Tairo era realmente feliz, corriendo en la naturaleza, sin nadie más a su alrededor que algún excursionista y sus queridos dueños…


Pero, no contenta con eso, Rosa Mari seguía decidida a mejorar aun más la vida de su galgo. Aunque por su profesión cambiaban de residencia con frecuencia, y eso ya no era un problema para Tairo, salir a pasear no era un momento de relax y desconexión, era un suplicio. Cualquier persona, en cualquier calle, cualquier esquina, era una amenaza terrorífica para Tairo. No podían traer invitados a casa sin darles instrucciones previas y sin tomar medidas de precaución, porque Tairo se asustaba muchísimo y así cualquier interacción con humanos, sobretodo con hombres corpulentos de actitud algo más tosca y fuerte. Se quedaba paralizado, con los ojos desorbitados de terror, con la cola por debajo de las piernas que le llegaba casi hasta la barbilla, y cuando se sentía desprotegido o llegaba al máximo de pánico, mordía.


Rosa Mari probó todos sus recursos y técnicas aprendidas de la investigación personal, libros de adiestramiento, consejos de amigos y conocidos, etc. Cabe decir que hizo muchas cosas, ¡y todas bien hechas! Consiguió que su perro mejorara un poco… iba por la calle, aunque con miedo; llegaba a coger comida de extraños, aunque huyendo después; en casa ladraba menos aunque no así en el trabajo; y no conseguía relajarse hasta que los visitantes estaban quietos, arrinconados o llevaban mucho rato allí.

¡Aquí fue cuando tuvimos el placer de conocerlos nosotros! Después de intentar contactar con otros adiestradores que rechazaron el caso, o que a Rosa Mari no le gustaba su energía, contactó con Dogged. Aunque el caso lo ha llevado Sabina principalmente, todo el equipo se volcó en él desde el primer día. Muchas reuniones se hicieron para abordar de la mejor manera posible el tratamiento, ya que el tiempo jugaba en nuestra contra, ¡solo iban a estar 4 meses en la ciudad! Todos los compañeros, amigos, familiares hemos hecho de figurantes en este caso, todos. Y desde aquí queremos agradecer toda la ayuda brindada, ¡sois los mejores!

Hoy en día, Tairo aun sigue en tratamiento, y todos somos conscientes que así seguirá por mucho tiempo. Las fobias necesitan tiempo, paciencia y constancia. Pasitos pequeños y firmes para llegar a un objetivo final. Lo importante es no dejar de avanzar.

Tairo ahora es un perro feliz, y ¡esperemos lo sea más en un futuro! Es capaz de pasear por la calle más tranquilo, alguna mirada de desconfianza y algún susto se escapan, pero ya no se refleja el pánico en sus ojos. Puede ir al parque y jugar despreocupadamente con otros perros, incluso acercarse relativamente a los dueños de los otros perros. Es capaz de comer de la mano de desconocidos y con varios de ellos le resulta más sencillo hacer buenas migas. En casa no ladra a los invitados, sean conocidos o no, come de su mano, es capaz de descansar en su cama relajadamente mientras están ellos y ya no los muerde. En la calle tampoco muerde. Si hay algo que lo asusta, busca a Rosa Mari y se va con ella, sabe que a su lado nada ha de temer; y además se siente satisfecho de haber sido capaz de encontrar una solución racional a la situación. Se ha vuelto incluso un perro más expresivo… Ahora como va mas relajado es capaz de mostrar otras emociones, mueve las orejas y el rabo, no va siempre tenso, tiene expresiones diferentes en la mirada y el ceño, y ¡hasta lo hemos visto sonreír!

Rosa Mari es consciente que Tairo probablemente jamás será un perro muy sociable amante de las personas y que busque su contacto, pero ella solo quiere que sea perro. Un perro relajado y feliz. Y poco a poco lo conseguirá. Han avanzado mucho, y si siguen así, conseguirán aquello que tanto desean y por lo que tanto han luchado, una vida plena y completa, una vida feliz en compañía el uno del otro.

El objetivo de este articulo no es otro que dar las gracias públicamente a la gente que, como Rosa Mari, lucha cada día por salvar a los perros y mejorar la relación con los suyos propios. Muchas veces uno no es consciente de lo que comporta tener o adoptar una mascota, de la cantidad de sacrificios que uno puede tener que hacer o de cómo le puede cambiar la vida. Rosa Mari lo sabe. Lleva 5 años luchando, sin rendirse, y aunque ha tenido momentos de flaqueza, ver los progresos de su perro la han animado a seguir adelante para cumplir su sueño.

¡Muchas gracias Rosa Mari! Hemos aprendido y estamos aprendiendo mucho con vosotros y realmente son los clientes como vosotros los que dan verdadero sentido a nuestra profesión. ¡Os deseamos todo lo mejor y esperamos seguir siendo amigos!



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